Características del vanguardismo



necesitaban una mayor libertad para expresar adecuadamente su mundo interior.

Reaccionaba contra el modernismo y contra los imitadores de los maestros de esta corriente; una conciencia social los llevaba a tomar posiciones frente al individuo y su destino.

Nuevos temas, lenguaje poético, revolución formal, desaparición de la anécdota, propuesta de temas como el anti-patriotismo.

El punto de vista del narrador comenzaba a ser múltiple.

Un vínculo estrecho entre el ambiente y los gustos del personaje.

Comenzaba a profundizarse en el mundo interior de los personajes, presentados a través de sus más escondidos estados del alma.

No era el tiempo cronológico el que tenía importancia, sino el tiempo anímico, y comenzó a tomarse en cuenta el aspecto de presentación, pues se limitaba a sugerir para que el lector complete; el autor comenzó a exigir presencia de un lector atento que fuese desentrañando los hechos presentados y fuese armando inteligentemente las piezas de la novela de nuestro tiempo. Uno de los mayores exponentes y mejores representantes de esta condición «psicológica» temporal fue Marcel Proust en su célebre obra En busca del tiempo perdido (1913-1927) donde el protagonista de la historia recuerda los veranos de su niñez a través del olor y el gusto que le evoca una magdalena impregnada en té.

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